sábado, 12 de julio de 2014

Para quien escribo (Vicente Aleixandre)

                   
                           I

    ¿Para quién escribo?, me preguntaba el cronista, el periodista
          o simplemente el curioso. 

No escribo para el señor de la estirada chaqueta, ni para su
         bigote enfadado, ni siquiera para su alzado índice
         admonitorio entre las tristes ondas de música. 

Tampoco para el carruaje, ni para su ocultada señora (entre 
         vidrios, como un rayo frío, el brillo de los impertinentes). 

Escribo acaso para los que no me leen. Esa mujer que corre 
         por la calle como si fuera a abrir las puertas a la aurora. 

O ese viejo que se aduerme en el banco de esa plaza chiquita, 
        mientras el sol poniente con amor le toma, le rodea y le 
        deslíe suavemente en sus luces. 

Para todos los que no me leen, los que no se cuidan de mí, pero 
        de mí se cuidan (aunque me ignoren).

Esa niña que al pasar me mira, compañera de mi aventura, 
        viviendo en el mundo. 

Y esa vieja que sentada a su puerta ha visto vida, paridora de 
        muchas vidas, y manos cansadas. 

Escribo para el enamorado; para el que pasó con su angustia 
        en los ojos; para el que le oyó; para el que al pasar no 
        miró; para el que finalmente cayó cuando preguntó y no 
        le oyeron. 

Para todos escribo. Para los que no me leen sobre todo escribo. 
        Uno a uno, y la muchedumbre. Y para los pechos y para 
        las bocas y para los oídos donde, sin oírme, 
está mi palabra.

Vicente Aleixandre
(En un vasto dominio, 1962)

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